Las emociones según Jung: la energía que nos despierta
Para Jung, la emoción no es un estorbo de la razón: es energía psíquica y, muchas veces, el comienzo de darse cuenta de algo.
Laboratorio
Ponerle nombre a lo que sentís ya cambia algo. Un mapa para reconocer las emociones, entender qué te dicen y registrar cómo aparecen en tu vida.
En pocas palabras
El laboratorio de emociones propone ejercicios para reconocer, nombrar y comprender lo que sentimos: un mapa que va de las emociones básicas a las más finas, un termómetro de intensidad con sugerencias según el nivel, la función de cada emoción y un diario emocional descargable. Nada de lo que escribas sale de tu dispositivo.
No, no es que «estés mal» y punto. «Mal» puede ser cansancio, desilusión, celos, vergüenza o una mezcla de todo eso. Y no es lo mismo. Cuando alguien me dice «no sé lo que me pasa», casi siempre empezamos por ahí: por encontrar la palabra justa. Ponerle nombre a una emoción ya la vuelve un poco más manejable.
Las emociones no son buenas ni malas: son información. Cada una nos dice algo sobre lo que nos pasa y sobre lo que necesitamos. Para Jung, además, son energía y una puerta para darse cuenta. Este laboratorio es para conocerlas un poco mejor.
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El psicólogo Paul Ekman describió un grupo de emociones básicas que se reconocen en culturas muy distintas. De cada una se desprenden muchas emociones más finas. Elegí una para ver sus matices, para qué sirve y qué suele pedir.
Para qué sirve: señala que algo nos hace bien y nos acerca a eso. Fortalece los vínculos.
Qué suele pedir: compartir, celebrar, repetir lo que la generó.
Para qué sirve: nos ayuda a procesar una pérdida, a frenar y a pedir cuidado.
Qué suele pedir: tiempo, compañía, permiso para llorar.
Si la tristeza dura semanas, nada interesa y cuesta sostener lo cotidiano, puede ser depresión: vale la pena consultar.
Para qué sirve: avisa que algo es injusto, que se cruzó un límite o que algo nos impide lo que necesitamos. Da energía para defenderse.
Qué suele pedir: poner un límite, reparar una injusticia, ser escuchado.
Para qué sirve: nos protege de un peligro, real o anticipado.
Qué suele pedir: seguridad, información, compañía.
Más en ansiedad: cuando el cuerpo habla.
Para qué sirve: nos aleja de lo que puede enfermarnos o contaminarnos, y también de lo que nos parece moralmente inaceptable.
Qué suele pedir: distancia, rechazar, limpiar.
Para qué sirve: frena todo para que prestemos atención a algo inesperado.
Qué suele pedir: entender qué pasó antes de reaccionar.
Para qué sirven: regulan cómo nos vinculamos con otros y con nuestras propias normas.
02
La misma emoción puede ser una brisa o una tormenta. Medir la intensidad ayuda a elegir qué hacer: no es lo mismo una molestia de 3 que un enojo de 9. ¿Qué tan intensa es tu emoción ahora?
03
Registrar las emociones durante unos días muestra patrones: qué las dispara, cómo aparecen en el cuerpo, qué hacemos con ellas. Completá lo que puedas y descargalo.
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Una práctica por día. Queda guardado solo en este navegador.
0 de 7 días
Primer paso
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La primera entrevista es para conocernos, sin compromiso de continuar.
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Recursos
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